¿Quién fue la primera escritora de la historia?

por
Diana Ferreiro

Se llamó Christine de Pizan y nació en Italia en 1364. Es considerada la primera escritora profesional de la historia de la humanidad y su obra más conocida La ciudad de las damas es citada por algunas autoras como «precursora del feminismo occidental».

Filósofa, poeta y humanista, Christine de Pizan se hizo escritora en el siglo XV, donde las mujeres escasamente eran tomadas en cuenta. En la sociedad la europea, donde la inquisición las quemaba por «brujería», o lo que es lo mismo en muchos casos: por el simple hecho de intentar tener voz o pensar diferente.

El acceso que tuvo desde temprana edad a los manuscritos del archivo real de Carlos V, de Francia, de quien su padre había aceptado ser astrólogo real, además de alquimista y físico, la llevaron a descubrir a los clásicos y comenzar a formarse una visión del mundo y la sociedad que la rodeaba, alejándose de los cánones establecidos.

Fue quizás la muerte temprana del esposo, cuando contaba ella tan solo con 25 años —y tres hijos—, la que la impulsó a hacer del oficio de escribir el sustento de su familia. Y su pasión, podemos suponer. Escribió poemas, canciones y baladas, y fue reconocida por la nobleza (cuyo apoyo, sospecho, la mantuvo en ese status de autora privilegiada al que no pudieron acceder tantas otras mujeres e incluso algunos hombres).

El espíritu de la época se puede apreciar claramente en algunas de las obras de Christine, y ejemplo de ello es el libro que dedicara a Margarita de Borgoña en 1406, titulado Le Livre des trois vertus (El Libro de las tres virtudes), donde aconsejaba a la joven delfina francesa «lo que debía aprender y cómo debía comportarse» durante su matrimonio.

Sin embargo, gran parte de su obra es considerada progresista y adelantada a su tiempo, con rasgos de temprano feminismo, e incluso la sitúan en la llamada «querella de mujeres», un debate literario surgido a propósito de la situación de las mujeres en la época ante el patriarcado dominante.

Simone de Beauvoir, en su libro El segundo sexo, dijo de ella que era «la primera vez que vemos a una mujer tomar su pluma en defensa de su sexo». Y ya eso no es poca cosa. Otras autoras describen, mediante su obra, la emancipación de la mujer en la edad media.

En 1418 se marchó a vivir a un convento, donde pasaría el resto de sus días. Una de sus últimas obras ―si no la última―, fue el poema que escribiera en 1429 inspirada en la figura de Juana de Arco y que tituló Canción en honor de Juana de Arco, otra prueba de escritura en defensa de las fortalezas de las mujeres.

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