Por los cielos de Céu

por
Rebeca Alderete y María Carla Figdomech

Cuando se nos presentó la oportunidad de conocer a Céu, podría decirse que las estrellas se alineaban a favor de Garbos. La cantante brasileña que causa furor por todo el mundo en los últimos años, se estrenaba en vivo ante el público cubano. Nuestro equipo podría vivirlo de primera mano, no solo una vez –durante sus horas de concierto en Fábrica de Arte Cubano–, sino doblemente, gracias a esta entrevista.

La cantante nos recibió en su «portuñol» fluido, al que siempre ayuda la buena intención de comprendernos, más allá de las fronteras geográficas e idiomáticas. Céu nos contó sobre sus raíces, sus ídolos y su experiencia en el mundo musical. Garbos te lo reproduce en primera persona.

Eres una apasionada de la música de origen africano. ¿Por qué crees importante defender esas raíces musicales?

La música negra es muy rica, rítmica y melódica. Siempre me interesó su timbre, la melodía, toda la dinámica de la «escuela negra africana». Pero no pensé defender esa cultura. Simplemente, cuando escuchaba música brasileña veía raíces de la música europea e indígena, pero también la mezcla con la música negra y me interesó muchísimo.

Crecí en una familia tradicional, más de bossa nova y ritmos así. Pero la riqueza musical de origen africano me cautivaba.

Entre tus músicos favoritos los hay muy actuales y de otro tiempo. ¿Podrías ponernos algunos ejemplos?

No provengo de una escuela de música. Esa es una diferencia entre Brasil y Cuba. Ustedes tienen grandes músicos con una formación más completa, una tradición de tener buenas escuelas de música. Eso hace a Cuba un lugar especial. En Brasil tenemos muy buenas escuelas, pero es diferente.

Yo soy autodidacta. Mi padre fue mi gran profesor. Lo que me enseñó fue que escuchar es mejor que ir a una sala de clases. Entonces, tuve varias fases de escuchar a diferentes cantantes brasileñas. Elizabeth Cardoso entre las más antiguas, después Naná Caimi. Más tarde descubrí el soul, y me enamoré de Ellis Regina, Nina Simone… Han sido muchas.

Cada vez que descubría una nueva voz empezaba a imitarla, era inevitable querer cantar como ellas. Llegó a ser algo obsesivo tratar de evitarlo. Me decía «¡no debo imitar!» [risas], pero fue pasando a medida que fui encontrándome.

Si tuvieras que decir con una palabra lo que significan para ti Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Erika Badou y Jorge Ben, ¿cómo los definirías?

¡Wow! ¿Con una palabra? De Billie Holiday diría, visceral, esa sería la palabra. Ella Fitzgerald, perfección, perfección –sin duda–. De Erika Badou diría, alma, soul. De Jorge Ben, bandolerito [risas].

¿Cómo te inspiran sus canciones para componer tu propia música?

No creo que haya un referente, una influencia directa. Yo me fui descubriendo compositora, no sabía que iba a serlo. Son cosas que me pasan por la mente. A medida que iba descubriendo cosas, yo quería cantarlas. Cantar historias que son comunes a todos, de las que oía hablar, que me decían mis amigos, que me pasaban. Son cosas que me inspiran a cantar historias desde otro punto de vista.

Tu éxito en el mundo es un hecho. ¿Podrías ofrecernos ejemplos de cómo ha afectado tu vida y tu carrera, de forma positiva y, a veces, no tanto?

El éxito es maravilloso, es el reconocimiento de mi trabajo. Mi relación con la música nunca fue algo planeado, no me lo propuse. Solamente soy apasionada de mi trabajo y de poder hacer lo que amo. El éxito, los premios, es un reconocimiento que da posibilidades para continuar. Lo mismo cantando en Europa o en los Estados Unidos, o aquí.

Del lado positivo, me ha permitido ir a diferentes lugares, salir de mi país y viajar, hacer giras. ¡Adoro ir de gira! Al mismo tiempo, la parte más difícil es la confusión de no estar nunca en casa. Las críticas, simplemente suceden, pero eso es algo que nunca me apagó. Las críticas son bienvenidas también.

Si tuvieras que recordar cuál ha sido el mejor y el peor momento de tu vida como profesional, ¿cuáles nos contarías?

No puedo escoger el mejor o el peor. Ahora me encuentro en un buen momento de mi carrera y tuve un encuentro genial con Herbie Hancock. También he podido tener momentos con músicos muy especiales de Brasil, y la experiencia ha sido increíble.

Un mal momento, al inicio, cuando aparecí delante del gran público, yo era muy inmadura todavía. Los shows me ponían muy nerviosa, era muy tímida y fui lanzada a los tiburones. Era como una niña desprevenida y la explosión fue muy fuerte. Conforme mi carrera fue construyéndose, me fui sintiendo más segura, más suelta.

Siendo una mujer joven y sudamericana, tu éxito es una demostración de que el talento no tiene fronteras. ¿Cómo crees que tu ejemplo puede inspirar a otras personas en el mundo que también luchan por sus sueños?

Pensar que mi ejemplo puede ayudar a otras personas a luchar por sus sueños, es un reconocimiento para mí. Pasar de ser una niña talentosa, queriendo hacer y tener su momento, a ser una fuente de inspiración, es un gran éxito.

Creo que las personas tienen que ir tras sus sueños. Es difícil, sí, mas es posible, y hoy el mundo es completamente diferente, soy optimista en que está mejorando. Hoy Brasil tiene muchas cantantes. Cuando llegué a los escenarios, prácticamente, había dos mujeres componiendo. En la actualidad tenemos muchas compositoras. Entonces, ver que también mi contribución está ahí es muy importante. Brasil ha tenido muchas mujeres en la música, pero antes eran sobre todo intérpretes. Hoy también componen.

¿Qué te falta por lograr?

Tengo una cosa en la cabeza: la barrera del idioma. El inglés es la lengua que domina a causa del mercado, y en Brasil la música es muy rica. El portugués es muy sonoro, muy musical. Muchos me han pedido cantar en inglés. No es que no lo haría, pero siempre he optado por hacer música de origen brasileño. Si colocamos la música brasileña en un mapa de la música mundial, abarcamos mucho.

¿Cómo imaginas tu futuro?

Mi futuro lo imagino haciendo cosas, inventando cosas diferentes. Me imagino loca y feliz.

 

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