«Amo ver que las cosas pueden salvarse»

por
Anasús

Este es un diálogo diferente. Aunque tiene preguntas comunes, nunca respuestas como estas. La conversación tuvo lugar desde la cama de un hospital con una joven llena de sueños, fuerzas y valor.

Betty Méndez Luna se está curando de una enfermedad de cuyo nombre no quiere oír. Sin saberlo, en nuestro cuestionario pusimos la palabra. Ella la rebatió con la misma espontaneidad con la que contestó cada interrogante. Betty es una artista de las de verdad: de las que hace arte de lo cotidiano. Puro arte son sus comentarios ante cada una de nuestras preguntas. No hay lecciones como las que nos ha regalado en nuestro breve intercambio por correo electrónico.

¿Cuánto se parece la Betty niña a la adolescente y a la joven que eres hoy?

Cada etapa de la vida nos va cambiando. No piensas de la misma manera a los 16 que a los 22 que a los 28. Los sueños se van transformando y las realidades se van imponiendo, pero la esencia prevalece. No he dejado de ser una persona ocurrente o soñadora, solo que he aterrizado un poco, y he tenido que aprender a lidiar con el destino de la manera que se ha presentado.

¿Cómo te ha cambiado la vida por el camino y cómo has cambiado tú con ella?

Mi vida ahora solo se divide en dos: el antes y el después de la enfermedad. Antes, vivir era pura rutina. Me levantaba, veía qué tenía que hacer, lo hacía y así lo que surgiera. Ahora es diferente. Valoro cada momento, cada detalle. No me deslumbra nada material, pues lo más importante lo llevamos dentro: nuestro ser, nuestra sangre, saber que tu sola existencia es suficiente.

¿Qué extrañas de aquel entonces y qué sientes que has ganado hoy?

Extraño la inocencia de no saber qué tan dura puede volverse la vida, hacer cosas propias de la edad, como fiestar, beber, trasnochar. Pero todo eso se vuelve secundario, créeme.

 ¿A qué debiste renunciar para siempre y qué obtuviste que no hubieras tenido de otro modo?

No he tenido que renunciar a nada completamente, solo por un período de tiempo, mientras me recupero. Sí sé que no debo nunca más vivir tan estresada; es mejor dejar fluir las cosas. He ganado mucha fe, he llegado a saber cuántas personas me quieren y cuántas han estado pendientes de mí, aun sin ser cercanas. Ha sido una unión muy fuerte con mi familia, sobre todo con mi madre; es como si fuéramos una sola persona.

¿Cómo se combinan los sueños con la realidad?

Pienso más bien que los sueños son reflejos de como quisiéramos que fuera nuestra realidad, y luchamos por conseguirlos, claro.

¿Cuál es el secreto para asumir la vida como viene?

Eso es más complicado. Porque muchas veces, cuando la vida te pone a prueba, lo que más haces es preguntarte: ¿por qué a mí? Y, créeme, no hay respuesta para eso. Lo principal es saber si lo que te está afectando tiene solución. Si la tiene, enfocarse en eso cien por ciento. Dar todo de ti para que las cosas funcionen como deben ser.

¿Cuál es el momento más difícil que has vivido?

Definitivamente fue el momento del trasplante. Había pasado los cuatro ciclos de quimioterapia sin vómitos, ni reacciones de esas que muchas personas pasan. Pero, el mes del ingreso del trasplante fue horrible. Pasé 13 días sin comer absolutamente nada, casi no dormía, no podía tener acompañante. Eran muchas medidas necesarias para mi recuperación, pero fue muy fuerte, no quisiera ni recordarlo.

¿De cuál de tus hazañas te sientes más orgullosa?

De haber resistido.

¿Por qué decidiste en hacer tu suerte de campaña para ayudar a otras personas en tu misma situación?

Cuando empezó mi proceso, no tenía casi información de personas como yo pasando por eso. Es un poco traumático para las mujeres verse sin pelo, engordar debido a los medicamentos. Pero, lo más importante es salvar la vida. ¿Qué más da estar calva o gorda si puedes amar a tu familia o a tu pareja o disfrutar de tus amigos? La belleza siempre será relativa.

¿Qué fue lo más reparador y atrevido que hiciste?

Creo que no he podido hacer cosas realmente atrevidas debido a que tengo muchas restricciones, solo bebo cerveza sin alcohol (risas).

Si fueras a contar tu vida después de saber tu diagnóstico, ¿qué cinco momentos elegirías?

Negación del nombre de la enfermedad (nunca lo digo).

Resignación: te curas o te curas.

Paciencia, todo lleva su debido momento.

Remisión (que ya no tienes la enfermedad).

Trasplante (Renacer).

¿Qué representa la actuación en tu vida?

Esa siempre será mi vocación, lo que realmente me apasiona hacer. Pero también soy muy objetiva. Desgraciadamente, en estos tiempos no podemos vivir por amor al arte. Yo decidí enrumbar mi vida en otra dirección, pero no descarto la idea de volver a actuar. Creo que tengo más demonios ahora (risas).

¿Qué personajes sueñas y cuál sería la cumbre de tu realización profesional?

Creo que siempre he tenido un personaje preferido que ha sido Martirio, de La casa de Bernarda Alba, de Lorca. Tuve la suerte de hacerlo una vez en la ENA (Escuela Nacional de Arte), pero me encantaría interpretarlo como profesional. También recuerdo una obra de una queridísima profesora, Doris Gutiérrez, sobre María Estuardo; quedé fascinada con ese personaje.

¿Cuál es la obra perfecta que desearías interpretar?

Quizás un monólogo. He pensado en escribir uno.

¿De qué se sostiene alguien cuando parece que no hay nada a lo que asirse?

Siempre hay algo: tu fuerza. Nadie se quiere ir antes de tiempo.

¿Qué planes tienes para mañana? ¿Y para dentro de cinco años?

Mañana, seguir tranquilita en mi recuperación. Dentro de cinco años, ni tocando el tema de lo que pase, a lo mejor ya con familia.

Cuando te miras al espejo del alma, ¿qué ves?

Veo una persona fuerte.

¿Cómo es Betty para las personas que mejor la conocen?

A primera vista suelen odiarme (risas). Pero, soy una persona honesta, nada hipócrita, digo lo que pienso, aunque de verdad, a veces, no sea lo indicado. Me gusta ayudar, soy muy amiga de mis amigos.

¿Qué es lo que más amas en la vida?

Sin dudas, a mi familia. Sin ellos no soy nada. Digo que somos una mesa de cuatro patas: sin una sola no habría mesa. Amo mucho a mi pareja, que se ha vuelto indispensable en mi vida, amo a mis amigos, amo ver que las cosas pueden salvarse.

 ¿Qué rituales secretos te hacen más feliz que nada?

Chuparme el dedo (risas).

¿Qué se siente al poder decirle al cáncer, «vencí»?

Ya te digo, nunca repito esa palabra. Pero, existe. Tuve suerte, mucha suerte.

¿Qué es lo que más temes?

No quiero hablar de eso.

¿Qué es lo que más deseas?

¡Deseo que se encuentre la cura!

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