«Los concursos de belleza se han vuelto superficiales»

por
Anasús

No todo en la vida es como lo imaginamos. Esa es una verdad sabida. Pero, conocer de primera mano una historia que confirme nuestras suposiciones, siempre es impactante.

Ese es el testimonio que nos ofrece Dulcita Lieggi, Miss República Dominicana en el año 2012, luego de que se confirmara que la joven ganadora del certamen había estado casada, y el título fuera a parar a las manos de Dulcita, que era la primera finalista.

Cinco años después, esta encantadora e impactante mujer llegó a Cuba para cursar estudios en la especialidad de Dirección de Actores, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Y, como muestra de esa personalidad segura de sí y coqueta con la vida, conversó con Garbos con ese aire sincero y alegre que la caracteriza.

¿Por qué decidiste participar en Miss República Dominicana?

Quería servirles de ejemplo a las chicas que no se identifican con ese falso estereotipo de mujer que ha creado el medio artístico. No soy flaca, tengo curvas, soy grandota, tengo facciones mezcladas porque soy producto del mestizaje. No existe un solo tipo de belleza. Quiero crear contenido diverso para las futuras generaciones de niñas.

¿Qué te trajo ese evento? 
Me trajo mucho dolor. Durante casi la mayor parte de mi año como Miss República Dominicana, la directora del concurso me decía que estaba gorda. No puedo pensar en una cosa que ella no quería cambiar de mí; hasta me creó inseguridades que no tenía. Debido a ese maltrato y a los comentarios negativos que recibía en internet, mi desempeño en Miss Universo no fue como me lo imaginé de niña. No me permitieron ser yo misma. Fue un período de mi vida donde reafirmé que nunca puedo alejarme de lo que mi corazón me dice, y aproveché ese aprendizaje para darles charlas sobre mi experiencia a niñas dominicanas. 

¿Qué es lo que más agradeces de ese certamen y lo que más lamentas o aborreces? 
Fue lamentable la presión que recibí, me llevó a sentirme incómoda con mi cuerpo, que no cumple con las «normas de belleza». Pero me siento agradecida porque, después de esta experiencia, mando al carajo esas normas, soy más real. Eso me hace feliz.

¿Cómo cambió tu vida después de volverte Miss RD?
 Cambió para bien. Entendí con más profundidad la influencia que tienen, no solo los concursos de belleza, sino las revistas, el cine y la televisión. Por eso me enfoco en dejar un buen legado en cada paso que doy.

¿Cuánto de lo conquistado se mantiene, y qué fue lo primero en desaparecer?
 Se mantiene en mí la idea de que la vida no es una competencia; evito compararme. Desapareció la voz en mi cabeza que decía que «no puedes». Cuando me cohíbo, recuerdo a mis padres diciéndome que no tenga miedo.

¿Qué cambiarías de tu carrera?
 Me hubiera encantado saber desde un principio que todo es muy subjetivo. Perdí mucho tiempo tratando de satisfacer a los demás. Cada quien va a su ritmo, y no todo el mundo está en la misma sintonía. La felicidad se inicia contigo misma. Si disfrutas lo que haces y lo haces de corazón, tocarás a las personas por añadidura. 

¿Cuáles son los sueños de niña que te siguen guiando hoy?

Desde niña siempre he usado la imaginación: para inventarme cuentos, para trasladarme a otros mundos. Esa herramienta aún la utilizo hoy cuando escribo mis guiones e interpreto personajes. Me ha dado mucha brega, pero he podido alcanzar algunos de mis sueños. Trato de aportar algo positivo al mundo.

¿Cuáles son los recuerdos más importantes de tu vida?

Mi infancia junto a mis padres. Ambos, muy presentes en mi vida, me enseñaron a ser menos insegura y a estar más orgullosa de quien soy. Aún sigo viviendo esa etapa en la que ando detrás de mis metas, tomo cada oportunidad para dar lo mejor de mí, ser mejor persona y mantenerme fiel a mí misma. He aprendido que cuando no lo hago, mi trabajo pierde fuerza e identidad.

¿Qué herramientas te han dado la comunicación y la actuación?

Me han ayudado a ser, a no pretender. Es difícil derribar esas paredes que hemos construido a lo largo de nuestras vidas para «protegernos». Mantenerme auténtica, mostrándome tal como soy con todos mis defectos, me ha permitido conectar a un nivel profundo con los demás. 

Me siento en mis aguas como actriz y guionista. En un futuro me encantaría seguir explorando la dirección. Acabo de estudiar Dirección de Actores en San Antonio de los Baños (Escuela Internacional de Cine y Televisión, EICTV). Tengo planes de dirigir un proyecto. 

¿Cuál es el proyecto profesional de tus sueños? 

Estoy desarrollando una película basada en las experiencias de varias chicas que han ocupado el lugar de Miss República Dominicana, y quienes, al igual que yo, se han sentido presionadas a ser algo que va en contra de su persona.

¿Cómo has edificado tu carrera después de tu salida al mundo de los medios?

Poco a poco he logrado construir una carrera a base de mucho esfuerzo. Acabo de producir mi primera película junto a mi socio y pareja, Gabriel Valencia, también egresado de EICTV. En Instagram pueden leer y ver de qué va la peli @un4to. Es un honor formar parte del crecimiento que está teniendo el cine en República Dominicana. Le debemos mucho a Cuba, esa gran hermana isla, por la formación que hemos adquirido.

¿Cuál es el mayor reto de una mujer bella que desee realizarse en todos los ámbitos de su vida? 

Estar clara de que la belleza es diversa. No tener miedo de lanzarse a descubrir sus talentos y, si se te cierra una puerta, tranquila, construye tu propia puerta, no tienes que esperar por una oportunidad, crea tu oportunidad.

¿Qué es lo mejor y lo peor de la industria de la belleza?

El prototipo de mujer «ideal» que ha inventado (la conocida talla cero), ha definido la belleza física usando de base proporciones que no motivan a ver lo bello en otros tipos de cuerpos. Hay iniciativas que han hecho que la industria se abra a reconocer la belleza en las diferentes figuras, texturas y en los diversos matices. Espero que pronto entendamos que no existe la perfección; en las imperfecciones está la verdadera belleza. 

¿Qué dirías a las personas que creen que detrás de estos concursos lo que hay es frivolidad? 

Los concursos de belleza se han vuelto superficiales. El significado de ser Reina de belleza y las responsabilidades que vienen con el título han cambiado. En mi infancia creía tener una idea clara sobre lo que implicaba participar en un concurso de belleza. Veía las participantes del concurso Miss Universo como mujeres maravillas: confiadas en su piel, sin miedo de mostrarse tal cual eran, celebraban las diversidades en vez de rechazarlas, no se sentían obligadas a moldearse a un estereotipo, líderes en sus sociedades, representantes de sus culturas y defensoras de sus creencias. Ellas hacían eco de los problemas enfrentados por sus países, no con deseos de criticar y exponer, sino para motivar soluciones que conllevasen a hacer del mundo un mejor lugar para todos, menos antagonista, más ecuánime y más justo.

Cuando era pequeña, ser Miss República Dominicana era, en algunas formas, semejante a ser embajador del país. De hecho, Miss República Dominicana recibía un pasaporte diplomático. Ella representaba la voz de los jóvenes frente al Congreso Dominicano durante su reinado, buscando siempre el reconocimiento de sus derechos y poniendo en relieve sus necesidades. Miss República Dominicana era, por tanto, una posición muy respetada, ocupada anualmente por una mujer de fuertes valores, inteligente, amable y orgullosa de ser dominicana.

No estoy segura de en qué momento los concursos de belleza empezaron a pervertirse; tampoco de las fuerzas o circunstancias que dieron origen a los cambios. Tengo la esperanza de que ahora que Miss Universo (el concurso de belleza más popular del mundo) está en nuevas manos —después de que fue vendido por Donald Trump—, tendrá la oportunidad de volver a sus valores originales, con transparencia, menos negocio y más talento. Corresponde a instituciones como esta ser conscientes del impacto que tienen sobre la vida de las jóvenes.

¿Cómo salir airosa entre tantas tentaciones? 
Sentí que esta era una buena oportunidad para mostrarles a niñas dominicanas con sueños como los míos, que es posible respetar nuestros valores mientras perseguimos nuestros sueños, que hay mérito en perseverar ante las adversidades. Fue con estas ilusiones y esperanzas que participé en estos concursos de belleza. 

¿Cuáles sientes que son las virtudes que más te han impulsado y los defectos que más te han detenido?

Mi mayor virtud es el apoyo y amor de la familia, los amigos y mi novio Gabriel. Lo que me ha detenido es confundir los comentarios destructivos con la crítica constructiva. Hay que tener la cabeza bien puesta para no confundirse.

¿Cuál es tu filosofía de vida?

Quiero mantener mi niña interior siempre viva, para apreciar los pequeños detalles de la vida.

¿Qué encontraste en Cuba? 

Buenos amigos que me quedarán de por vida y profesores que me dejaron grandes lecciones. Me encantó conocer un país con una cultura tan rica y con gente tan amorosa. Los dominicanos nos parecemos mucho a los cubanos; nos llevamos muy bien.

¿Qué representa este país para ti? ¿Qué lo une a República Dominicana?

Una isla caribeña hermana, un país en el que me fascinaría hacer una coproducción. Quiero codirigir mi próximo proyecto junto a mi gran amigo y hermano cubano, el director Luis Ernesto Doñas. Lo admiro mucho. A Cuba nos une nuestra forma de ver la vida: nosotros decidimos ver el vaso medio lleno, en lugar de verlo medio vacío.

¿Cuál es el mayor deseo que acunas?

Que mi breve estadía en este mundo no haya sido en vano. 

¿Qué no puede faltarle a una mujer plena?

Creer en sí misma, reconocer nuestra fuerza, no aportar a los estereotipos que le hacen daño al sexo femenino, y entender que los hombres también tienen presiones sociales. Como madres, podemos tomar en nuestras manos la educación de nuestros hijos, enseñándoles a amarse a sí mismos y a los demás sin prejuicios, discriminación o generalizaciones. 

¿Qué es lo que más amas hacer?

Siento amor por muchas cosas. Amo regalarles mi tiempo a las personas que quiero; bañarme en la playa y seguir aprendiendo a surfear; hacer películas que hagan sentir a la gente; jugar con mis mascotas. Amo tener el privilegio de estar viva.

¿Cómo eres cuando nadie te ve?

Soy igual de cómica, igual de tímida, igual de optimista. A veces, me suena la nariz cuando me río muy duro, y, de verdad, que cuando me pasa en público, me avergüenzo fácilmente. A veces hablo alto, me encanta cantar karaoke —no lo hago muy bien, pero me divierte—, cocino mucho, lucho para no ser tan dura conmigo misma, practico amarme más. ¡Nunca dejo de ser yo sin importar donde esté!

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