Bunga del ArteSano

por
María Carla Figdomech

El fin de semana el Espacio Cultural ArteSano se llenó de los acordes de «la bunga» de Pedro Luis Ferrer, como prefiere llamar el trovador cubano a estos encuentros que transcurren desde hace un tiempo en este enclave del municipio habanero de Playa, «el Patio de Almendares», un hogar que abre sus puertas de forma gratuita a numerosos amigos para disfrutar las composiciones del cantautor y su grupo.

De este modo, la reciente «sede» propone una pausa a las presentaciones itinerantes que Pedro Luis ha realizado en los últimos años por centros de trabajo y pequeños espacios, para «descargar» en concierto. En esta ocasión entre los presentes, el trovador Ireno García disfrutaba del espacio creado por Odalys y Omara, propietarias de la casa donde radica ArteSano.

Como siempre, acompañó a Pedro Luis su hija Lena, y demás integrantes de su grupo. A las 6:00 p.m. el público había copado los no pocos asientos disponibles, y treinta minutos más tarde nos acomodábamos en escaleras, muros y pasillos laterales. Tal es el cariño por este músico que, entre tonadas y poemas, sabe susurrarnos cerca del alma las verdades más hondas con una sonrisa. Porque la guitarra de Pedro Luis nos canta a todos. A veces, como en «Tango Santo Suárez», es una amiga que nos explica el presente  que han visto sus ojos, y otras es una amante cómplice, como «Espuma y arena», o en aquella otra que repite: «Ay, qué sencillo amarte, qué bonito, /es como un golpe azul de libertad».

Además el repertorio incluyó algunas de sus guarachas «gastronómicas». «Pisotia la cucaracha» y «Yo no quiero manteca» fueron más que momentos de diversión, pues en la imaginación de Pedro Luis Ferrer la comida es también una metáfora para tratar, desde el placer, asuntos intrincados del alma humana.

Es que su canción trovadoresca, sin importar qué motivo inmediato la ha inspirado, nos anima a confiar y a seguir por sobre lo difícil, conservando aún la alegría de sentirnos vivos, como la «mariposa» que viene para compartir cuitas y devolver el sosiego: «Sé que en el mundo hay dolor, pero no es dolor el mundo».