Call me by your name, esta no es otra historia de amor

por
Diana Ferreiro

Hermosa: el adjetivo más recurrente cuando le preguntas a alguien qué le ha parecido la nueva película de Luca Guadagnino. La que tiene cuatro nominaciones a los Oscars, entre ellas la de Mejor Película, y que lleva por título Call me by your name.

Protagonizada por Timothée Chalamet (Elio) y Armie Hammer (Oliver), la película está basada en una novela de André Aciman publicada en 2007, y narra la relación de un adolescente de 17 años con un estudiante invitado a pasar el verano en su casa, para terminar su doctorado en cultura grecorromana.

Hasta ahí parece muy simple. Una historia de amor más. Pero es precisamente la sencillez de la trama la que permite al guionista trabajar mucho más adentro, para que asistamos a esos pequeños detalles que revelan el descubrimiento, la duda, la obsesión, la certeza, la resistencia ante lo imposible, la resignación, la continuidad de la vida. Es entonces el guion, en una película donde las actuaciones podrían minimizarlo completamente, su punto más fuerte.

No basta con saber estas cosas. Para entender Call me by your name, hay que verla. Dos, hasta tres veces si la amaste desde la primera vez. Hay que balbucear alguna mala palabra cuando Elio diga «Is it better to speak or to die?» (¿Es mejor hablar o morir?), y emocionarse con esa revelación de la plaza, y sentir cosquillas en el estómago con el primer beso, con el primer amanecer juntos.

Un romance de verano que dura más para nosotros que para los protagonistas. Un desgarre, una imagen que permanece en primer plano demasiado tiempo, después de la última llamada telefónica y que permanece allí como recordatorio. Un «nada es para siempre», un «estas cosas solo ocurren en las películas y este es el final de la película», o algo así.

Y entonces está el discurso del padre al final. Un discurso de aceptación y tolerancia y amor con el que muchos espectadores quisieran sentirse identificados. Que muchos espectadores soñaron con escuchar.

Semanas después, no has dejado de pensar en Elio y Oliver. Semanas después vuelves a suspirar con «Mistery of love» de fondo, el tema musical de la película, y deseas con todas tus fuerzas que gane, que la Academia le dé algún premio el próximo 4 de marzo o, al menos, que Armie Hammer vuelva a decirle «Oliver…», y Timothée Chalamet le responda «Elio…».