Carmina Burana y una manera muy cubana de danzar

por
Redacción Garbos

Luego de tres noches con capacidades agotadas en el Gran Teatro de La Habana «Alicia Alonso» y un Premio Luna del Auditorio Nacional de México, es una certeza que la compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC) y su puesta de Carmina Burana mejoran con el paso de los años. Se trató, en esta oportunidad, de una presentación monumental vista por primera vez en Cuba con acompañamiento coral y sinfónico en vivo.
Estrenada por primera vez en el 2008, la adaptación del bailarín y coreógrafo George Céspedes de la cantata escénica de Carl Orff –basada a su vez en una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XII–, tuvo una espectacular acogida los tres días que se mantuvo en escena, llenando las mil trescientas butacas del otrora Teatro Tacón.
Sobre las tablas, poco menos de 20 parejas de baile acompañadas por los coros nacionales de Cuba y el Infantil, la Orquesta Sinfónica Nacional, el barítono Ulises Aquino, la soprano Milagros de los Ángeles y el joven tenor Harold López, pegaron a sus asientos a un auditorio que, aunque no compartía el lenguaje de los cantos, sucumbió ante la destreza lírica y la representación danzaria.
Y no puede ser de otra forma cuando se trata de esta «madre nutricia de la danza en la Isla» –como se le ha dado a conocer–. En sus 58 años de fundada, DCC ha realizado 300 estrenos, ha sido nominada a tres de los principales premios del Reino Unido: los TMA, los Oliver Awards y The Critic´s National Dance Awards (en el 2010), y ha actuado en escenarios como el Sarah Bernhardt, Las Arenas de Verona, el Gran Teatro de Luxemburgo, el Stanislavski Theatre en Moscú, el Royal Opera House y el Salier´s Well, entre otros.
Baste entonces referir que por cerca de cinco minutos los aplausos no cesaron, como tampoco lo harán los deseos de continuar danzando, a la manera contemporánea –y muy cubana–, de Carmina Burana.

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