Comer para vivir

por
Anasús

Macrobiótica quiere decir vida larga. Y es esa precisamente la ganancia fundamental de la alimentación que lucha frente a algunos escépticos por ponerse de moda: dar una vida más duradera y sana.

Como un estilo de vida reconocen los especialistas a la alimentación macrobiótica. Un modo de ingerir alimentos basado en el equilibrio y la mesura, sin que ello signifique hacer grandes sacrificios ni someterse a dietas rigurosas que pueden afectar más de lo que ayudan.

Nacida en el pasado siglo en Japón, de la mano de Georges Ohsawa, esta conducta, basada más que nada en sentido común, ha cambiado la vida de muchas personas en el mundo y llegó a Cuba desde el año 2000, aunque en los últimos tiempos es que se ha extendido con más fuerza.

Con sede principal de especialistas en el Instituto Carlos J. Finlay, y más de mil pacientes beneficiados con esta atención, la dieta se fundamenta en el equilibrio entre los alimentos de origen natural y químico, la presencia balanceada de los sabores, la personalización de la alimentación, la moderación en el comer, y la preparación de alimentos debidamente cocinados y masticables.

Como enseñan los folletos consultados, cada persona lleva un tipo de alimentación. Por lo tanto, quien se acerque a la consulta especializada del Finlay pasará por un proceso de análisis que determinarán el modo preciso para la dieta de cada paciente, en dependencia de su edad, padecimiento o necesidades, aunque vale aclarar que cualquiera puede decidir adoptar ese estilo alimenticio, solo que precisa de previa ayuda especializada.

Según los expertos, lo fundamental es contrarrestar la acidificación a la que estamos expuestos en la actualidad con la presencia creciente en la mesa de productos sanos, integrales, frescos y del entorno, que enfrenten la dañina tendencia de alimentación superficial.

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