Cuando la danza se vuelve mito

por
Redacción Garbos

No hubo escape para el público. Llegada de la mano de varios coreógrafos internacionales, la seducción inundó la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, mientras los bailarines de Acosta Danza se adueñaban del escenario. Mitos, la más reciente temporada de la compañía que dirige el bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta, dio inicios a un año que promete ser intenso y extremadamente creativo para la danza contemporánea en la Isla.

El programa estuvo integrado por las piezas de estreno Mermaid, del belga Sidi Larbi Cherkaoui, Rooster, del británico Christopher Bruce, Impronta y El salto de Nijinsky, de la catalana María Rovira, y a ellas se sumó Imponderable, ya vista en Cuba, del español Goyo Montero.

Uno de los momentos más especiales de la noche fue sin dudas un nuevo regreso de Carlos Acosta –sigue regresando para suerte de todos–, y esta vez a dúo con la hermosa Marta Ortega, en la pieza Mermaid; donde el coreógrafo parte del mito universal de la sirena para crear una obra donde el amor y esa entrega ante la que no se duda casi nunca, se complementan muy bien con la música del compositor coreano Woojae Park.

Rooster, en cambio, nos mostró una coreografía donde se integran el ballet clásico y la danza moderna, sello ya del británico Christopher Bruce. Sympathy for the devil, de The Rolling Stones, hace viajar al público a las décadas del 60 y 70 europeas, la revolución sexual y musical que tuvo lugar durante ese periodo. Otras siete canciones de la legendaria banda británica dan cuerpo a Rooster, que es, si se quiere, un pretexto de seducción para expresar sentimientos más serios. Quizás una mirada, desde la distancia, a aquella época aparentemente feliz.

En un momento mucho más apegado a nuestras raíces, a la herencia afrocubana, la bailarina Zele Crespo interpretó Impronta, de la catalana María Rovira, quien traduce de alguna manera a Yemayá, a través de su coreografía. Una interpretación danzaria (otra) de la orisha, y que contó con las composiciones del joven cubano José Víctor Gavilondo. De la misma coreógrafa, el público pudo disfrutar también de algunos de los demonios, los sueños, las obsesiones de una de las grandes figuras del ballet mundial, el ruso Vaslav Nijinsky, en la obra El salto de Nijinsky.

También se presentó Imponderable, con música de Owen Belton sobre canciones del trovador cubano Silvio Rodríguez, «una reflexión sobre lo incomprensible, lo indescriptible y lo que, como dice el título, no podemos medir: el peso del alma, el espíritu», según ha declarado su creador Goyo Montero.

Durante los próximos días, Acosta Danza protagonizará una gira por el Oriente de Cuba, comenzando el 14 de febrero, y que se extenderá hasta el día 21 del propio mes.