Los bikinis únicos de Víctor

por
Anasús

Su nombre es Víctor Manuel Rodríguez Río Seco. Fue profesor Río Seco, luego, cuando se desempeñó como juez internacional de tiro con arco, fue Don Rodríguez. Hoy, 20 años después de aquellas profesiones, ha adoptado otro mote como diseñador, ya convertido en marca: Víctor Bikini. Así le conoce su clientela, que no es poca y llega a varios lugares del mundo.

A Víctor le fascina contar su historia. Entonces, en medio de la Feria de los Almacenes de San José, donde ha ubicado su stand, conversa con Garbos.

En 1997 se quedó sin trabajo, y una de sus alumnas le ofreció vender en la feria de la Catedral. Allí estuvo por un tiempo hasta que sacó su licencia de bordador-tejedor y adquirió su puesto propio. Lo primero fue encontrar qué vender. Para llenar su stand, recuerda, recorrió la feria y pidió a las personas la mercancía que no estuvieran vendiendo. Así completó su kiosco, hasta que, tiempo después, tuvo sus productos.

En el 2000 tuvo la idea de los trajes de baño tejidos. Antes, debía resolver dos problemas: sin transparencias y que no cayeran al mojarse. Para la primera dificultad, halló un punto de tejido junto a sus dos diseñadores (hoy integrantes de su equipo de trabajo); para la segunda, se le ocurrió que podría resolverse con cordones de zapatos. Y así lo hizo.

Entonces, comenzaron a vender trajes de baño que ni se transparentaban ni se caían. Todo un boom, rememora el protagonista, quien resalta que esas características son su sello.

En aquel momento el mercado era nacional. Hasta que, en el 2004, Víctor entró a uno de los primeros grupos de Cuba Emprende, la institución de la Iglesia Católica que apoya a los cuentapropistas.

Uno de los secretos del éxito, reconoció Víctor en un documental realizado en ocasión del primer año de Cuba Emprende, es que invierte todo lo que gana en el mismo negocio. Para él es «muy importantísimo». Así, con ese disparate del que tanto se rió, logró la simpatía de muchas personas que lo vieron en el mundo y quisieron que él participara en el Cuban Story Group, junto a otros cinco cubanos que viajaron a Miami y visitaron muchos espacios de grandes diseñadores.

«Todo el mundo se sorprendía de ver que lo que ellos hacían en ropa, yo lo hacía tejido». Como parte de esa experiencia, contactó a la empresa que todavía lo provee del hilo y que, aunque a elevados precios, le permite exportar material de máxima calidad.

Un año después, creó su tienda online, My forbidden island, además de comercios en New Jersey y Madrid. Hoy planea seguir abriendo otras, y la próxima ubicación debe ser Toronto.

«En Cuba tengo estos dos metros cuadrados. Este es mi puesto de mando. Aquí las personas vienen y me contactan. Además, de mi página en Facebook y videos en Youtube», cuenta.

Víctor trabaja en un gran equipo: el administrativo (liderado por su familia) y otras cuatro personas con las que se sienta a diseñar.

Se suman también alrededor de 40 trabajadores por cuenta propia en la producción.

Cada estación presenta sus colecciones en pasarelas. Una muestra de las anteriores y primicias de la próxima, podrás verlas en Garbos. La de este verano lleva por nombre Todos somos latinos, y consiste en trajes de baño con las banderas de los países de la región.

Otra acción que enorgullece al creador, en medio de su ajetreada vida, es el proyecto comunitario Arlequines de la Villa, en Guanabacoa. Allí imparten clases de tejido a un grupo de mujeres y las apoyan con materia prima también en sus diseños de muñequerías y ropas.

«El concepto importante de una tienda es ponerse a disposición del cliente, saber lo que le puede gustar o interesar, y trabajar en función de ello. Por eso, me conecto en las redes sociales y dialogo con las personas: para saber lo que está ocurriendo en el mundo y ver en qué dirección trabajo», comenta.

Nos explica, además, que su público siempre es femenino, aunque ahora está tratando de hacer productos para la comunidad gay, pues quiere que también sean sus clientes. Su tienda en New Jersey, por ejemplo, está situada en una balneario gay, y compran muchísimo. La edad no es decisiva, aclara. Confiesa que teje para niñas, jóvenes, adultas y señoras de la tercera edad.

Adelanta a Garbos que, próximamente, abrirá una sucursal en Playa, en 13 y 70, donde tendrá otro espacio para comercializar sus trajes de baño. Ahí estaremos para acompañarle y para que, quienes siguen estas páginas, puedan estar al tanto de lo que crea Víctor Bikini.

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