Moda XXL

por
María Carla Figdomech

La moda (como cultura que es) tiene sus códigos y los hace valer. Pero, como bien acuña la historia de la humanidad, las revoluciones tienen mayores oportunidades de producirse allí donde el malestar de las personas es mayor.

Y no se trata de gestar una contracultura o una alternativa underground que vete y contrataque cualquier intento de aproximación entre las mujeres y los hombres de hoy y el mundo del vestir bien. Por el contrario, la mayoría de las veces asumir el interés legítimo por la moda tiene más que ver con encontrar el sello de un estilo y acomodar sobre ese principio nuestra interpretación de las tendencias en boga. Sobre todo porque, reglas al fin, aunque se resisten, cambian de una época a otra.

Piénsalo bien: ¿acaso no despierta mayor atracción esa persona que vestida de gala, de trabajo o lista para la «limpieza general», va como flotando en su nube, inmune a comentarios y miradas, con una gracia que nadie sabe de dónde le brota?

Como inmortalizaba el filme biográfico sobre Coco Chanel que protagonizó Shirley McLaine, la moda es también una elección, el encuentro entre una pregunta que ha sido lanzada al viento y la prenda de arte que contiene la respuesta más acertada.

Claro, es difícil permanecer ajena por completo al binomio delgadez-belleza que la estética de estos tiempos ha acuñado, porque quienes escapan al paradigma dominante siempre las tienen más difíciles. Pero es tan natural ser diferente como mismo en el siglo XVIII (y se mantiene en otras culturas) el aspecto rollizo era sinónimo de opulencia y porte, por tanto, de lo hermoso.

Por otra parte, ser gordita es, hasta cierto punto, cuestión de perspectivas. En cada cultura y época se identifica de modo diferente y se crean «estrategias» para gradar el adjetivo. En Cuba, por ejemplo, «rellenita», «envueltica en carne», «maciza», «de barriguita contenta» o «carrito con carnita» son algunos de los epítetos (si cabe la expresión) que empleamos para referirnos a ese o esa que sin ser obesa, tampoco puede calificarse como «flaquita». (Para eso también hay gradaciones. Que no siempre el ideal más extendido es el de «chica o chico a la francesa»).

No obstante, cuando no encuentres cómo «suavizar» los kilitos que te atormentan, ¡sigues disponiendo de dos opciones como mínimo! Si es absolutamente perentorio, intenta buscar ayuda profesional para adelgazar lo que necesites. Si no es ese el caso, asúmete tal como eres. Procura ser buena, sabia y feliz por sobre los estereotipos físicos, porque lo importante está siempre más allá de los ojos.

Revisa estas opciones que te traemos y siéntete libre de escoger, incluso de no hacerlo si no te aviene ninguna. La moda es un constante dialogar entre identidad y transformación.

Desde Garbos, tanto en marcas económicas o exclusivas como Mango, Forever 21, El Corte Inglés, Kiabi, Asos y H&M, te animamos a traspasar fronteras. No solo escualidez.

 

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