Ruly Herrera, el hombre-drums

por
Lorena Sánchez

Dice Ruly que desde hacía un tiempo se debía un concierto como este. Dice, y no le falta razón, que sus composiciones hasta ahora había remarcado el protagonismo de otros instrumentos por encima de la batería, que en ese «viaje» que emprendería hacia un nuevo disco pensaba revertir eso. Pero lo cierto es que Ruly no sabe cómo desprenderse de aquello que quizás lo defina: el hombre-drums no es solo bombo, caja, platillos, parches, baquetas; es también la cabeza pensante detrás de cada sonoridad, de cada acorde, de cada composición. Y eso se nota.

Aunque si fuésemos a hablar de esa incapacidad para desprenderse, Ruly definitivamente no puede zafarse de Jorge Luis Lagarza. El «Yoyi» puede por momentos robarse el show, seducir como el mejor encantador de serpientes, el piano es suyo y él lo sabe –no en vano está camino a ser uno de los mejores pianistas cubanos (¿o acaso no lo es ya?)–; tan así que uno puede llegar a pensar –incluso lo hace el mismo Ruly– que este es su concierto y que el resto de los músicos están ahí para acompañarlo. Sin embargo, ya lo dijimos, esto sucede a intervalos porque en Electroacustizando, todos quienes ocupamos alguna butaca de la sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes sentimos que, más allá de un unipersonal, este era un espectáculo colectivo, donde virtuosismo y goce venían en un mismo combo.

Así desfilaron por el escenario una nómina de músicos que cualquier sabio quisiera tener en su banda: Yuniet Lombida (saxo barítono), Rafael Aldama (bajo), Ruy Adrián López-Nussa (batería), Emir Santacruz (saxo tenor), Rober Luis (guitarra), Maykel González (trompeta). Temas de Mal tiempo, primer álbum de Ruly, así como otros que incluirá en esa nueva producción discográfica que es Travel, sonaron en la sala, aunque no faltaron tampoco aquellas composiciones que junto a Real Project –ese proyecto alterno que desde hace casi cuatro años defiende el propio Ruly junto a Lagarza (sí, otra vez Lagarza) – han desandado la escena jazzística cubana.

Pero todo buen dramaturgo sabe cuándo y cómo subir la parada. Todo mariscal de campo sabe dónde podría estar la jugada perfecta, el pase preciso. Y eso es Ruly: dramaturgo en escena, quarterback en medio de la línea ofensiva. Por eso al tocar «El Espejo» junto a Ruy Adrián, en esa suerte de juego o batalla campal, el público enloqueció. Por eso en «Homenaje a Yellowjackets» no solo rescató el espíritu de ese mítico cuarteto estadounidense, sino el suyo propio, o quizás, el de toda la banda que lo acompañó.

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