Un mediador de mundos

por
Anasús

Dice Carlos Celdrán que el director de teatro es un mediador de mundos. ¿Quién no se ha dejado conducir de su mano por los que él inventa? Este maestro de las tablas se conoce pronto: en él se combinan un estilo definido y heterogéneo; reposado y explosivo; sobrio y derrochador. Es único. Así de contradictoria suele ser la realidad. Si no lo sabe, pase por Argos Teatro. Ahí florece el espíritu de este creador de universos.

No solo se los inventa, sino que también los toma de la literatura universal para ponerlos sobre los escenarios cubanos, y así cautivar, inundar y convencer. Porque eso es lo que hace cada día: una apuesta por la verdad.

Una verdad tan convincente que lo hizo merecedor del Premio Nacional de Teatro en el 2016 y por la cual le sigue el público desde cada rincón de la isla. Nada hay que convenza tanto como el talento. Argos Teatro es sincero. Carlos Celdrán también. Por eso comparte con Garbos sus respuestas, espontáneas y directas como los parlamentos de sus obras.

¿Qué es lo máximo que se puede desear cuando se vive por el teatro?

La respuesta entusiasta del público.

¿Qué es para usted el Premio Nacional de Teatro? ¿Qué reconocimientos son mayores que ese?

El Premio Nacional de Teatro ha sido un reconocimiento que llegó pronto, pues suele ser dado cuando eres ya muy mayor. Tenerlo ahora ayuda a que el trabajo sea más visible y atendido. Los mayores reconocimientos son secretos; te llegan del aprecio y el amor en gestos y acciones que te sostienen de pie cada día.

¿Hubiera podido ser Carlos Celdrán sin Argos Teatro? ¿Es el grupo que soñó?

Al menos es el que he podido construir, salvar y mantener contra todas las tentaciones. Es donde trabajo y me encuentro de verdad con la gente, donde toco la realidad y existo. Yo no soy nadie, ese espacio me construye para los demás.

¿Y cuánto tiene Carlos de Teatro Buendía?

Mucho. Fue mi casa de la juventud, mi arca de los viajes, donde había una maestra que nos dio una lengua y un destino. Flora (Lauten) me enseñó a resistir, a medir las cosas con la mirada esencial: la del artista.

¿Cuál es la mayor sensación que provoca Argos Teatro en el público?

Un respiro, una complicidad, un diálogo sin medias tintas, sin retórica; una lealtad a la experiencia real que vivimos, una apuesta por la verdad.

¿Quién es su mejor crítico? ¿En quién confía más?

En mis amigos, en mis actores de siempre, en mi pareja.

¿Cuánto se aprende enseñando? ¿Cuál es la lección más valiosa que regala y conserva para sí mismo?

Enseñar es aprender; no se pueden separar. La lección más valiosa que pudiera dar y la que me aplico es una máxima sencilla, pero que me hace feliz y libre: no atarse a la vanidad, a lo material; dejar que todos aporten, sean, triunfen, y compartir eso con los demás. Nada será importante ni durará, solo el instante. Cada vez supero más el miedo y la inseguridad de mi juventud. Me desprendo de esas tensiones y acepto y celebro. Quiero ser feliz y disfrutar el teatro, los amigos, la creatividad. Lleva años aceptarse, superarte a ti mismo, tus demonios y dar lo que tienes que dar y recibir.

¿Qué es lo más delicioso y difícil al dirigir actrices y actores?

Hacerlos entender lo esencial de sus situaciones, de sus personajes. Es un diálogo duro y tan intenso que solo se compara con la gran amistad o con el amor.

¿Escribir lo que dirige o escoger lo que monta? ¿Cuánto de arte hay en cada proceso, y qué le seduce más de cada uno?

Escribir para otros y montar a otros. Las dos cosas. Ahora he vivido montarme a mí mismo, y ha sido fabuloso. También el mundo de los otros puede ser el tuyo. Un director es un mediador de mundos, que afina al resto en una mirada común, que debe ser –a su vez– personal y cercana.

¿Qué le sobra y qué le falta a una obra antes de ser versionada por Carlos Celdrán?

Que yo la entienda, que la haga mía; que domine y comprenda sus claves, sus impulsos, sus silencios y omisiones. Es imposible que la monte si no encuentro la conexión con su núcleo, con su última razón de ser.

¿Cuál es el secreto de lo sencillo y real?

Estar en el instante, relajado, alerta, abierto a los otros; listo para vivir la experiencia.

¿Qué es la perfección? ¿Cómo se llega a ella y qué hay que dejar en el camino?

Se inventa cada noche; es efímera y se da en un momento, en un acto que resulta verdadero cuando el actor baja lo invisible a la realidad. La perfección es un segundo en el teatro, un milagro momentáneo que estamos siempre esperando y que cuando surge nos sacude, nos conmociona y luego desaparece, del cual ni hablamos, solo sentimos y disfrutamos. Por esos momentos hacemos teatro o vamos a verlo: para recibir la verdad, el relámpago de su aparición que nos arrasa.

¿Qué ha sido lo más doloroso en las décadas de Argos Teatro?

No lograr entendernos, no comunicarnos en las cosas que deciden que algo sea teatro verdadero, o cuando hemos trabajado por oficio, sin plenitud.

¿Qué le seduce más de la educación artística cubana, y con cuáles principios no se atreve a negociar?

Mejor te digo lo que no me seduce: cuando no hay un maestro de verdad al mando y todo se pervierte.

¿Cuánto honra el teatro cubano actual a toda la tradición que le precedió? ¿En cuánto lo supera?

Somos, soy, hijo de maestros, de directores, maestros imperfectos, geniales, que lucharon por ser ellos mismos, que sufrieron y se fueron de la vida no siempre realizados. Eso somos: sus hijos imperfectos que hacen lo que pueden por no repetir sus errores, por salvar lo que queda de lo que ellos soñaron.

¿Cuál prefiere de todas las puestas en escena que ha dirigido? ¿Cuáles otras anhela? ¿Están escritas?

Ahora amo 10 millones, pues la tengo cerca, muy adentro. Pero anhelo muchas que no conozco y busco, que trato de hacer antes de que se me acabe el tiempo.

¿Con cuál de los personajes se identifica más?

Con el que logre ser más real y vivo. Puede ser secundario, menor en la dramaturgia; pero si el actor lo defiende y lo entiende, no tengo más remedio que amarlo. Tengo una lista larga en la memoria que no voy a decir. Sigo construyendo momentos, situaciones para ellos. Es mi deber, mi pasión, lo que hago cada día.

Y si su vida fuese una obra de teatro, ¿cuál sería?

10 millones.

 

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