Una moda a lo Cachita Abrantes

por
María Carla Figdomech

Para los más jóvenes su historia tal vez resulte poco conocida. Pero no exageran quienes dicen que Celia Caridad Abrantes (Cachita), llegó a convertirse en una verdadera embajadora del buen gusto. Desde un pequeño taller de confecciones logró fundar un grupo notable de tiendas de moda para el turismo, un espacio de alta calidad para la exportación y una empresa. Le bastó una década para hacerlo.

Cachita confiesa que siempre se interesó por la moda. De pequeña decidía su vestuario; así de determinada era. Pero su sensibilidad no alcanzó para imaginar que un día la llamarían de la oficina de Flavio Bravo con la encomienda de presentar una propuesta que ayudara a revitalizar el diseño en la industria de confecciones.

«Así empezó todo. Llamé a Rina Núñez Jiménez y a Rafael Cobián (Raf Cobián), que eran excelentes modistos, y les comenté lo que quería: desarrollar la industria nacional con  una propuesta de moda cubana. Pensé en qué sería lo más aceptado, pues en esa época era muy difícil, porque prácticamente no había nada y no teníamos recursos ni presupuesto para ese proyecto. Pensé en la guayabera, la prenda nacional cubana y –por qué no– de mujer. Yo fui la primera que convirtió en el año 1977 la guayabera de hombre en una prenda de mujer.

Fue una propuesta con recursos nacionales, tropical, acorde a nuestro clima. Buscamos algodón, el tejido de las camisas de miliciano –la mezclilla, que ya era tendencia– y el lienzo que se utilizaba para hacer sacos».

Al inicio, se establecieron en el área trasera de un taller en Cuba 64. Sus pequeñas producciones se colocaron con éxito en un corner del Hotel Riviera y en el Internacional de Varadero. Más tarde, también ofrecieron servicios en una tienda-atelier del Hotel Tritón y en el propio taller fundacional. Incluso, organizaron el Primer Concurso Nacional de Diseño de Vestuario y Accesorios, en busca de talentos para nutrir el equipo, con Mariano Rodríguez al frente del jurado.

«Como no teníamos presupuesto, al principio fue voluntario, hasta que empezamos a buscar de dónde podía deducirse un salario para las costureras. Recuerdo que las máquinas fueron donadas por un compañero de la Industria Ligera, máquinas ya desechadas por ellos. Así fuimos armando aquello, de la nada, poco a poco.

»Teníamos un encargo pequeño. Pero siempre me proyecté en hacer una propuesta adecuada a nuestro clima, a nuestro cielo azul, representativa de nuestra cultura nacional y que no fuera vulgar, sino agradable y bonita».

Marcas de Cuba

Preocupada por respaldar con una marca la renaciente moda cubana, sintió que llegaba a buen puerto cuando se le ocurrió CONTEX, acrónimo de Empresa de Confecciones Textiles. Entonces, comprendió que el siguiente paso era colocar una oficina.

«En 3ra y 36 A, Miramar, había un showroom de la [Industria] Ligera con una pequeña oficina arriba. Hice la propuesta de utilizarlo para establecer la primera tiendecita de CONTEX, que viene a ser el origen de La Maison. Circulamos la invitación al cuerpo diplomático, algunas personas respondieron y, poco a poco, generó movimiento.

»Ampliamos la idea a desarrollar un centro de moda. Valoré distintos lugares, hasta dar con la casa de 7ma y 16. Había sido la escuela de un arquitecto emigrado al inicio de la Revolución y casa de becados del interior del país. Pero en ese momento estaba abandonada: la taza del inodoro estaba prácticamente en la puerta de la calle. La solicité y nos la concedieron. ¡Ni teníamos a nombre de quién ponerla porque seguíamos creciendo poco a poco, como una empresa sin presupuesto y fuera del presupuesto estatal!».

Cachita recordó que La Maison de estos días dista mucho de la que abrió sus puertas. Entonces, contaba solo con un recibidor y dos salas en la planta inferior que servían como boutique y Salón Cubano, un espacio para promover a artesanos y orfebres de todo el país. En el segundo piso, resituó su oficina, desde la cual se esmeró en generar una campaña promocional permanente que con el tiempo cosecharía frutos.

Paso a paso, CONTEX adelantaba en su objetivo de generar ingresos para el país con una propuesta de moda aceptada por el público nacional y extranjero. Mientras se perfilaba la ruta para llegar a la población, exportaba a distintos países líneas de vestuario hechas en Cuba, a la vez que tocaba las almas de muchas mujeres que lo necesitaban con la esperanza de una segunda oportunidad.

«Quise desarrollar la industria de confecciones con mujeres reclusas para reintegrarlas a la sociedad. Consultamos la propuesta, y creamos una comisión de compañeros muy bien preparados para hacer un estudio nacional en centros penitenciarios. Nos entrevistamos con ellas, pero no había condiciones para crear una fábrica, y concluimos que, en algunos casos se podía desarrollar la línea industrial, y en otros, la artesanal, con vestidos bordados. La Calesa se hizo con ellas. Fue un trabajo difícil, en colaboración con varias industrias.

»Conecté con Sáez Merino, dueño de la firma Loisen España (ya fallecido), para traer equipamiento y montar una fábrica en la prisión de mujeres de Occidente. El taller contaba con todo, ingeniero al frente, taller de prototipos, etc. El objetivo era reproducir sus cosas aquí para la venta nacional y la exportación. Logramos exportar jeans Lois con la marca CONTEX a México y Panamá. Cuando vio la calidad de los jeans de Cuba opinó que eran mejores que los que se fabricaban en México.

»Fue un trabajo de captación muy bueno y un trabajo político importante. Mensualmente, se discutía con ellas el plan de producción, se celebraban asambleas, se seleccionaban las más destacadas y se les premiaba con pases de salida correspondientes a su actitud. Algunas personalidades fueron a visitarla, pues les llamaba la atención los logros de una fábrica con población penal. ¡Era un tremendo estímulo para ellas!

»Fue una línea de trabajo muy importante que se desarrolló en todo el país, y de la que hoy no se habla. Para mí era un objetivo que aquellas mujeres se reintegraran a la sociedad y que, al salir, tuvieran la preparación y la formación necesarias para insertarse en un trabajo digno. Esa era la mayor contribución que yo veía». 

Desfiles de estrellas

En paralelo, CONTEX profundizaba en las tendencias del mercado con la intención de crear un espacio para Cuba. Pronto su directora acarició la idea de organizar un evento internacional de moda en La Habana. Manos amigas otra vez le extendieron su apoyo. Ella era capaz de conmover por su empeño por salir adelante. ¿Cuál sería la sorpresa cuando entre los participantes confirmaron Paco Rabanne y el Marqués Emilio Pucci?

«Les escribimos a todas las casas de moda en el mundo. Sorpresivamente, tuvo una respuesta tremenda de personalidades y periodistas de América Latina, España, Francia, Italia, incluso de Estados Unidos. Llamó mucho la atención que en Cuba, de repente, hubiera una propuesta para un evento internacional.

»A partir de CubaModa ’82, nos invitaron a desfilar en Moscú y Alemania, y pudimos ampliar La Maison con un proyecto del arquitecto Galván. El resultado fue precioso».

Evocó, entonces, la pasarela, el centro de belleza, la piscina, el barcito y el camerino para las modelos, rodeados de espesa vegetación por todo el lugar. Cedió su oficina, y la segunda planta se remodeló con tiendas y un área de protocolo. El evento crecía con cada edición. En 1984 se convirtió en el Salón Internacional de la Moda en La Habana «CubaModa». Para los desfiles tuvieron asesoría de la coreógrafa de la Industria Ligera, mientras que Isabel de Amado Blanco –prestigiosa funcionaria del MINREX– coordinaba la preparación integral de las modelos. Todo contaba, desde cómo caminar y sentarse, maquillaje, peinado, aprender a utilizar los cubiertos en la mesa y otros elementos de cultura general.

La red de relaciones llegó a expandirse al punto de crear la Asociación Latinoamericana de Productores y Comerciantes de Productos de la Moda (ALAMODA). La organización, presidida por Cachita, era «un mecanismo para aglutinar, compartir e intercambiar posibilidades en el área». A su amparo, ocurrieron el Taller Experimental de Diseño de Moda Latinoamericana y Caribeña y el Primer Taller Experimental Internacional de Publicidad aplicado al Mercado de los Elementos del Vestuario.

Con el tiempo otros éxitos se concretaron: una sucursal de La Maison en Panamá y un proyecto para abrirse paso en el mercado mexicano. Otros quedaron inconclusos, como el de asociarse con una importante cadena internacional de la moda para reabrir una fábrica al este de la capital y el de fundar el Instituto Regional de Maniquíes.

Pero subsistía en Cachita la necesidad de un vínculo más estrecho con el público nacional. Animada por esto, en 1987 inauguró con un desfile de modas, un espacio para el público habanero dentro la tienda Roseland.

«Llegar al pueblo siempre fue un objetivo importante para mí. En los desfiles empezamos a exhibir la línea de shorts y ropa deportiva para jóvenes, que no se veía a menudo por esa época, y causaron una sorpresa tremenda. Se nos ocurrió la línea de diseño Comando 2000, para la cual hicimos una tournée desde La Habana hasta la Sierra Maestra, porque las opiniones difieren mucho entre las personas del campo y de la ciudad; son modos de vida diferentes».

Un adiós inesperado

En 1989, Cachita puso un punto final abrupto en su carrera al frente de CONTEX. Complejos y dolorosos sucesos que prefiere reservarse, la hicieron decidirlo. A su salida, dejaba el engranaje listo para que CONTEX, La Maison y CubaModa continuaran sin ella. De algún modo, ajustándose según exigían épocas y coyunturas, los dos primeros lo hicieron, pero el evento se canceló. Pese a la desazón, ella comprendió los motivos.

«No es sencillo, todo el proyecto general en los distintos frentes fue saliendo de mi cabeza y cuando salí todo estaba en pleno apogeo. Hubiera tomado tiempo formar un relevo, que apareciera alguien para asumirlo. Fue poco a poco cómo se lograron cosas importantes, no fue un trabajo improvisado».

Cómo podría serlo –reflexioné y su archivo fotográfico lo atestiguaba. Entre los asistentes a CubaModa figuraron Gregory Peck, July Belafonte, Jack Lemmon, Carmin Coppola, Benetton, Geraldine Chaplin, la familia Rockefeller y Gabriel García Márquez. Pero, más allá de nombres altisonantes o fortunas millonarias, subsiste el testimonio de cubanas y cubanos anónimos que la acompañaron camino al sueño de una moda Fabriquée à Cuba.

 

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