Una mujer entera

por
María Carla Figdomech

A sus más de 25 años en escena, Haila está en ese momento especial de su vida que solemos reconocer como equilibrio. Todo fluye en torno suyo con una dosis de pasión y otra de desvelo. Esa combinación le ha permitido hacer una carrera «honesta y digna», sin evadir el costo que entrañan el sacrificio y el respeto por su público. Al mirar hacia atrás, reconoce que no se equivocó, porque «después de tantos años, sigo un poquito en el corazón de los cubanos».

Y así es. Tomó el riesgo de salir de Bamboleo, su mayor escuela, cuando la orquesta atravesaba uno de sus mejores tiempos. Azúcar Negra la convidó como vocalista líder de la banda, lo que representó un nuevo paso para ascender. Más tarde, Bis Music la llamó para producirle su primer álbum en solitario, y supo entonces que había llegado la ocasión de tomar el desafío más arduo. «Yo no tengo miedo a los retos. Si fracaso, fracaso, pero quien no se arriesga no cruza el río».

Haila ha nacido para cantar. Como ella misma vaticina, se va a morir sobre la escena, «como una viejita coqueta», porque ser artista es de las cosas que ella ha asumido como verdaderas en su vida, «mañana, tarde y noche».

 Haila suena a Cuba

Quizás esa energía fue la que infundió a Sonando en Cuba. Junto a Mayito Rivera y Paulo FG –creador del concurso-, se enroló como coach en varias temporadas alentando a las muchachas y muchachos de la región central. Como madre protectora o hermana mayor consejera, acoge a sus «niños», sufre las derrotas y celebra las victorias.

«Yo me siento su familia, ya son parte de mi vida. Hablamos todos los días, les pregunto qué hacen, trato de ayudarlos. Hay cuatro que se quedaron aquí en La Habana. A una la puse a trabajar con Bamboleo.

«Fue una experiencia súper bonita, un lujo, un privilegio. Nunca me cansaré de agradecerle a Paulo FG la gentileza y la amabilidad de llamarme para este proyecto, un proyecto que le hacía falta a Cuba. Un programa que es como la identidad del cubano. Cada domingo en las casas se bañaban temprano, comían temprano, juntaban a la familia, desde el más chico hasta el más viejo.

«Alguien me preguntó qué queríamos rescatar con este programa, porque la música no se podía rescatar con un solo programa. Y yo lo dije: “¿Usted está seguro?” El tiempo demostró que el problema es sacarle al público lo que tiene guardado en sus añoranzas y, a la vez, educar a la juventud. Mi hijo tiene 16 años y es fan de la música cubana, estudia música y yo pienso que tiene que cultivarse desde sus propias raíces. Muchos jóvenes se interesaron porque eran sus contemporáneos los que estaban interpretando esas canciones con las que nosotros crecimos y muchos de ellos ni conocían».

Un disco de acero

Haila es pura emoción. Tras la firmeza exterior, existe una mujer que es toda sensibilidad. Bien tiene puesto el título su nueva producción discográfica, Mujer de acero, porque hasta los metales más resistentes tienen láminas. ¿Cómo no contaminar ambos planos de su vida?, le preguntamos.

«La dureza la reflejo en la música, en las letras, en lo que quiero expresar. Siempre digo que la sensibilidad y los sentimientos brotan cuando uno ha pasado por diferentes momentos en la vida, y eso es lo que intento reflejar en las canciones: esa Haila dura, capaz de decir cosas en una canción, pero que quizás no te las diga cara a cara porque los sentimientos me cubren.

«Creo que también es el método de hacerle llegar palabras a la mujer mediante la música para que puedan defenderse, sacar los sentimientos que tienen a flor de piel.

«Toda esa dureza de la capa exterior del acero la reflejo en mis canciones, en conjunto con mis compositores. Ellos saben que yo soy dura, que siempre trato de defender a las mujeres, que les canten al amor, al desamor. Ya es un patrón que me he creado desde Haila Diferente, el de hacer canciones con letras firmes. Siempre trato de interpretar en mis composiciones vivencias que he tenido. Casualmente los compositores coinciden con ellas porque saben lo que quiero plasmar en cada una de mis producciones».

El disco promete. Porque, entre otras cosas, expresa lo que es Haila, según la imagen que tiene de sí misma. Un disco acariciado desde hace mucho, y que llega a buena hora, como ella admitió.

Haila sabe a Cuba, a ritmos cubanos, con el son tradicional «hasta la médula». Le dedicó una canción a Santiago de Cuba, su segunda cuna, pero no renunció a la oportunidad de interpretar también la guaracha. Tras la lista de temas, el afán de muchas personas de hacerlo lo mejor posible. Una, Isaac Delgado, quien le entregó una composición de su autoría, pero también hay otras: de Aned –su esposo y manager-, de Carlitos Cartaya –su arreglista- y una conga, Para qué llorar, que se anticipa como broche de oro del fonograma.

El secreto mayor

Pero su secreto –como lo llamara Aned- va más allá. En medio de la complicada farándula, Haila ha construido una pareja de 17 años y una familia unida. Hoy nos revela la fórmula:

«Yo pienso que cuando uno tiene un equilibrio en la vida; cuando uno logra enfocarse y tiene una familia bonita, decente, sin problemas; cuando tienes seguridad en ti misma, la vida toma fluidez. Cuando uno logra madurar una relación, con el respeto mutuo de trabajo, con el cariño, con el amor, la vida te lleva a esa cumbre donde muchos quieren llegar y no llegan. Con mucha pasión sobre todo; amor a lo que haces, a lo que tienes y lo que quieres tener a tu alrededor. No intoxicarte con personas que quieran entorpecerte con problemas que suceden en muchos hogares. La vida de nosotros no es esa, mi vida es una burbuja y la cuido.

«Yo, si no tengo que salir de mi casa, no salgo. Me quedo “trancada” en mi cuarto o cocinando, que me gusta y me apasiona, me abro una botella de vino, me tomo unas copitas y me desconecto del mundo. Esa es mi vida».

Fruto de su amor, hace 16 años Haila y Aned concibieron un hijo que es hoy estudiante de música. Aunque se reconoce como una madre consentidora, se sabe exigente en la misma medida. En la clave de su educación, su hijo ha conocido las ventajas y responsabilidades de la independencia. «Tú me das, yo te doy», así sellaron su pacto desde muy temprano. «Él sabe que no me puede fallar, porque yo no le voy a fallar. Tenemos una relación espectacular».

En esto es como en su música: centrada, directa, penetrante, sin esperar por el paso que den los otros, pero con una sonrisa siempre. Algo de eso aventuró Jose, maestro perfumista que sin conocerla en persona, sabía sus olores favoritos y con este recurso compuso una esencia que es ella: Madame Mompié, fuerte y dulce, como ella misma.

«Yo soy una mujer bastante optimista. Cuando quiero algo, le pongo todo el empeño y, sobre todo, el corazón, sin pasar por encima a los demás, sin lastimar a nadie. Soy muy objetiva en eso, me preocupo muy pocas veces por el qué dirán; yo voy a lo mío. Llegar es fácil, pero mantenerse es lo difícil. Yo no me caigo nunca, soy como el Ave Fénix: me guardo y resurjo de las cenizas, pero siempre con una estrategia».

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