Viaje al arte de Wilfredo Prieto

por
Anasús

Si la obra debe decir algo sobre el artista, o estar en perfecta sintonía con lo que este siente o muestra, pudiera parecer fácil trazar líneas entre Wilfredo Prieto y su arte. Pero todo lo que parezca simple con este joven es una trampa. O será que no existe nada más complejo que la sencillez.

Si aún insistiéramos en la analogía, descubriríamos un hacer impactante y profundo, perfecto reflejo de esa personalidad que pudiera disfrazarse de comedida, pero, apenas conversa, lanza con sus razonamientos a un diálogo intenso y sin medias tintas. Da gusto aprender sobre arte en su voz.

Y como sé que no le gustan las calificaciones, prefiero no seguir describiendo su prolífera obra, que acoge piezas tan polémicas como Apolítico, Políticamente correcto, Pan con pan, Grasa, jabón y plátano, Línea Ascendente, Paseo, Escala de valores, Amarrado a la pata de la mesa y Vaso medio lleno y otras tantas que se combinan con sus numerosas colecciones en galerías del mundo. Que hable él, que es quien mejor puede decir de sí. Para nosotros, queda el misterio exquisito de su arte.

¿Hay más de ingenuidad o de perversión en tu obra?

Ninguna de las dos. No creo en ingenuidad, aunque respeto la intuición a la hora de crear, y el dejarse llevar por cuestiones sensibles, más allá de un conocimiento que hay que dominar. No obstante, hay un control técnico y lógico de lo que se está haciendo. Vengo de una formación académica que te obliga a un estudio casi científico de lo que haces. Después de 13 años de estudios de arte, no cabe mucho hacer naif aunque a uno le gustaría quitarse los prejuicios técnicos, pero casi se convierte en una utopía, porque tendemos a estudiar lo que estamos diciendo y sus porqués.

Has dicho que para hacer arte hay que cambiar el orden de las cosas, pero asombra la aparente sencillez de lo que presentas. ¿Se contrapone esa llaneza con tu proceso de creación?

Cada obra tiene condiciones diferentes: las hay con sencillez ejecutiva y fácil de producir, aunque haya tenido complejidad a la hora de pensarse y planear su puesta en escena. Otras son bastante complejas en su producción, y aunque sean ideas sencillas, pueden irse de las manos y depender de científicos, desarrollos tecnológicos, equipos de producción, contextos de negociaciones. Soy esclavo de las ideas y cuando llegan tengo que solucionarlas a su forma.

Por otra parte, no se trata tanto de cambiar el orden de las cosas, sino de aportar una visión distinta. El artista señala el hecho comunicativo.

¿Qué estás dispuesto a negociar y qué no entra en discusión?

No negocio nada. Si una obra no está perfecta, no está. Puede que algún elemento no tenga la madurez que requiere. Pero cuando tiene esa forma esférica, lógica, matemática, pura, entonces puede comunicar. Veo todo como un laboratorio. Incluso mostrar una obra públicamente es parte del proceso, porque se puede entender desde la posición del espectador y mirar con más distancia todavía.

¿Se te puede ocurrir algo y no saber cómo lograrlo?

Hay obras en las que llevo trabajando diez años, porque dependo de bases científicas. Estoy haciendo una pieza de levitación y no hay precedentes científicos para lograrlo.

¿Te encuentras muchas negativas?

En Cuba es donde más fácil se hace una obra en espacio público porque hay muchísimos mecanismos que ayudan. Para mí ha sido muy cómodo hasta en piezas complicadas como Una luz a lo lejos, que es una estrella en el cielo, y era una negociación con el espacio aéreo para montar esa pieza a 300 metros de altura en la ciudad. El problema está en las sociedades capitalistas, donde existen demasiados requisitos. A veces es más fácil trabajar en el subdesarrollo porque hay menos prejuicios en aceptar algo diferente.

¿Cómo funciona Cuba de musa?

Es mi contexto, mi país, donde me formé. Además, es una sociedad diferente que te ayuda a tener otro ángulo de visión y eso es un ejercicio mental, visual, estético que te da otro enfoque. Te aleja de la estandarización internacional y te hace cuestionarte elementos sociales sólidos. Eso se vuelve completamente inspirador.

Creas una especie de sistema de comparación continua. Ser subdesarrollado y socialista también motiva. Hay muchas razones para que la musa sea saludable. La crisis es muy importante y vivir en un tiempo de crisis es fructífero a nivel creativo.

No me resulta atractivo el sello cubano porque tiene mucho de cliché y visión foránea. Entiendo que muchos artistas lo aprovechan pero no me parece tan interesante. Eso puede ir en contra de una riqueza de lenguaje que se está perdiendo por una limitación.

¿Qué tiene de especial la ironía y el sentido del humor para comunicar?

No creo que tenga piezas con sentido del humor. A lo mejor tiene relación con el contexto cubano, que es humorístico, y hablamos de cosas serias de manera divertida. Puede que haya elementos innatos del sentido del humor que entran en la obra.

Tampoco creo en la ironía, sino en todo lo contrario. Pienso que el arte de hoy debe ser muy directo, quizás como respuesta a un contexto social en el que los medios de comunicación y la política son irónicos, y al único que le toca no serlo, por contraposición o por oxigenar un contexto, es al arte. A lo mejor en un contexto irónico, eso nos convierte en irónicos, pero no lo es.

Evitas la metáfora pero donde no hay metáforas hay miles de significados. ¿Cuántos confieres tú?

Cuando digo que es directo no quiere decir que no sea abierto. Es rico en interpretación porque lo es en receptores. Vivimos con un público inteligente, con una capacidad rápida de entender. Eso hace que debas ser muy cuidadoso a la hora de concretar imágenes, moverlas y unir ideas, porque es una jugada con bisturí, para que no se pierda la comunicación. Hay que respetar la realidad.

¿Te interesa dialogar con las personas sobre tus obras?

Una obra es autónoma. Después de que la termino, no me pertenece. Lo que le aportan no puede cambiar nada porque ya está hecha. Puedo aprender como artista y perceptor, pero es la obra la que tiene ese diálogo. 

Es muy importante conversar, por ejemplo, en el proceso, cuando trabajo con mi equipo. También me importan las opiniones de mis amigos o de especialistas, pero son personas en las que tengo fe estética o de concepto. Igual escucho los criterios negativos; puede ayudar a madurar ideas.

¿Cuánto te exiges?

Soy extremadamente exigente conmigo. Me llevo fatal; soy mi máximo enemigo y crítico. Me cuesta entender una pieza y estar seguro de ella, me paso tiempo estudiándola, en sufrimiento y tensión. Nunca llego a esa seguridad, pero hay un momento en el que la empiezo a asumir. No sé si he cambiado con el tiempo. Sufro igual con todas las exposiciones. Después me olvido porque entro en un sufrimiento nuevo. No sé si estoy exigiéndome más, pero sí igual.

¿Cómo eran tus cuadros? ¿Cuándo dejaste a un lado esa poética? ¿Qué hizo que cambiaras?

Cuando era un niño, eran pinturas realistas. Después se volvieron figurativas. Luego hice un poco de todo en la enseñanza. Creo que cambié en la universidad, porque empecé a entender lo que estaba haciendo. Me fui volviendo más escultor y no tenía sentido tenerlo en un cuadro o espacio limitado, sino que quería interactuar más con la realidad, porque estaba comunicando sobre esta. No tenía sentido una representación, sino objetivizar lo que estaba diciendo. El cambio se lo debo a la educación. Creo que fue un proceso como el de la evolución de la historia del arte, pero concentrada en 13 años de formación.

¿Se entendió cuando cambiaste?

La academia cubana es bastante revolucionaria. La enseñanza del arte en Cuba es protagonista a nivel internacional. Los artistas que salen tienen una madurez increíble y los ves muy jóvenes participando en bienales internacionales. Un medidor muy bueno es la Bienal de La Habana.

Lo que atenta contra la academia es el mercado, porque está llevando a la gente a ser complaciente porque Cuba no lo ha tenido nunca y se deslumbran; y porque los artistas viven del arte y eso es malo. Puede ser bueno, pero peligroso para los jóvenes porque te obliga a mejorar algo para seguir viviendo, aunque continúes con tu experimento. En otros contextos los artistas trabajan en una cafetería pero hacen el arte que quieren, aunque no lo vendan. Eso genera un conflicto con la enseñanza y el sistema artístico. Cuando tengamos otra educación sobre mercado, se controlará mejor. Igual depende de cada persona.

Has dicho que el arte debe cambiar al mercado y no viceversa. ¿Cómo valoras esa relación hoy?

Lo puedes controlar y ayuda a tu desarrollo personal y profesional, pero el problema es cuando se vuelve una droga y estás siendo complaciente. A partir de ese momento deja de ser arte y es mercadeo. Tantos mercados hay como productores artísticos y jóvenes, aunque vivimos en una época en la que hay excesos de poder en el mercado del arte y en la información sobre este. Pero eso se regula de manera natural. No es de preocuparse.

¿Cómo te va con el mercado?

La relación que tengo es a través de galerías y creo que es muy importante cómo funcionan. No es que una galería te escoja, sino que tú la elijas a ella. Cuando las dos cosas suceden, es una sintonía. Cada cual va encontrando su familia y crea su ambiente. Trabajo con galerías que no me imponen nada y funcionan en los mecanismos comerciales. Eso hace que se establezca una relación sin forcejeo, como si trabajara solo. Busco un lugar que respete y entienda lo que hago.

¿Llevas a tu vida cotidiana la manía de no ver nada como se te presenta? ¿Qué consecuencias tiene?

Los artistas nos vamos de vacaciones y estamos trabajando, pero estamos trabajando y lo que tenemos son vacaciones. Es una alarma que tienes buscando constantemente.  Puedes pasarte meses sin encontrar y en un día hallar mucho. No se controla.

Hay gente que dice que soy raro, pero eso está en todas las profesiones. Cada cual va perfilándose y siempre está en su actividad; es algo normal del pensamiento humano buscar explicaciones. Se vuelve una forma de vida. A veces se te va de la realidad y dices cosas que nadie tenía por qué estar pensando.

¿Tienes algún ritual secreto?

Me encanta la rutina y perder tiempo y es lo que nunca logro hacer. Cuando tengo la oportunidad de tirarme en una hamaca y no hacer nada, me parece el gran lujo de la vida. O hacer algo rutinario o estar en un sitio permanente, sin moverme y sin viajar. Pero es muy difícil lograrlo.

¿Cuánto sientes que se ha renovado tu creatividad? ¿Tienes miedo a quedarte sin ideas?

No me preocupa eso. Mi creatividad varía mucho y el día que no lo haga y no se supere, me sentiré muy aburrido o me dedicaré a otra profesión. Lo que tiene esto ahora es la superación continua. Mientras sucede, estoy contento y lo hago; cuando no sea así, lo dejaré. Pienso que no debe parar porque crear es infinito. No podría agotarme a mí mismo porque dependo de la vida. Todo es diferente y eso es mi alimento. La creación es como un gran evento al que pertenecemos solo 100 años, pero sigue existiendo.

¿Qué es para ti el arte?

Te lo diría todo, porque el arte es filosofía, pensamiento, sociedad, estética, gusto, modo de vida, se vuelve un todo. Tengo un conflicto de cualquier tipo y lo resuelvo a través de la imagen. Es muy difícil encerrarlo. Eso es lo bueno: que cambia su forma. No vale la pena definirlo, porque sería limitarlo. Si se quiere entender, es un medio que oxigena la realidad, que le da una vuelta a todo lo que esté sucediendo en un contexto. Es como un ministerio que resuelve los problemas de un modo distinto a la realidad, como una especie de surrealismo que entra en la vida y te saca de ese terreno; es una necesidad de que algo te refresque por otro lado.

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